El artículo analiza el origen metafísico de las determinaciones y existencias a través de un análisis conceptual de las tres palabras que significan la unidad de esta operación universal: Valor, Espíritu y Dios. El Valor representa la fecundidad del acto, que irradia todo y se manifiesta a través de grados trascendentales. El concepto de Dios es el Espíritu orientado hacia el hombre y la encarnación. Y finalmente, el Espíritu es la conexión entre lo intelectual y lo emocional que da personalidad a las conciencias finitas. El autor concluye que, aunque el origen es una unidad, las distinciones entre estos tres nombres son necesarias para concebir el acto originario como algo viviente.