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Para desarrollar intervenciones desde la educaci&#243;n ambiental, particularmente para la reorientaci&#243;n del curr&#237;culum educativo y la </P><P>construcci&#243;n de conocimientos, a&#250;n es necesario indagar sobre las actitudes frente al cambio clim&#225;tico y las percepciones de los infantes sobre el medioambiente. Por ello, dado que las experiencias tempranas de la vida pueden contribuir a generar las bases para el desarrollo de comportamientos ecol&#243;gicos, esta investigaci&#243;n tuvo como objetivo analizar la relaci&#243;n entre g&#233;nero, edad y grado escolar respecto la actitud al cambio clim&#225;tico, el paradigma ecol&#243;gico y el comportamiento pro-ambiental en ni&#241;os y ni&#241;as que estudian la primaria superior, en Santa Mar&#237;a Coronango, en el estado de Puebla, M&#233;xico. Se realiz&#243; una investigaci&#243;n de tipo cuantitativa, no experimental, descriptiva, correlacional y transversal. Se aplic&#243; la t&#233;cnica de encuesta personal a 302 estudiantes de cuarto, quinto y sexto de primaria. Los resultados evidenciaron que no hay diferencias significativas entre ni&#241;os y ni&#241;as respecto la actitud, el comportamiento y las dimensiones del paradigma ecol&#243;gico. Sin embargo, se encontraron asociaciones significativas entre edad, grado escolar y la dimensi&#243;n de eco-crisis del paradigma ecol&#243;gico; as&#237; como entre el grado escolar y la actitud al cambio clim&#225;tico. El hallazgo m&#225;s relevante evidenci&#243; que conforme crecen los infantes y est&#225;n por entrar a la pubertad, se muestran indiferentes a la eco-crisis. Los resultados se discuten y se proponen investigaciones futuras. </P><P>Palabras clave: actitud; comportamiento pro-ambiental; paradigma ecol&#243;gico; eco-crisis; entorno natural. </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><H1>Abstract </H1><P>Many children are vulnerable to environmental deterioration, as their access, contact and appreciation of nature has decreased. In order to develop environmental education interventions, particularly for the educational curriculum reorientation and the construction of knowledge, it is still necessary to investigate attitudes towards climate change and children's perceptions of the environment. Therefore, given that early life experiences can contribute to generate the basis for the development of ecological behaviors, the objective of this research was to analyze the relationship between gender, age and school grade regarding the attitude to climate change, the ecological paradigm and the pro-environmental behavior in boys and girls who study upper primary, in Santa Mar&#237;a Coronango, in the Puebla, Mexico. It is a suburban population that is rapidly transforming into residential and commercial zone, due to its proximity to the capital city. A quantitative, nonexperimental, descriptive, correlational and cross-sectional investigation was conducted. A personal survey technique was used with 302 students from the fourth, fifth and sixth grades. The results showed that there are no significant differences between boys and girls regarding attitude, behavior and the dimensions of the ecological paradigm. However, significant associations were found between age, school grade and the eco-crisis dimension of the ecological paradigm; as well as between school grade and attitude to climate change. The most relevant finding showed that as infants grow and are about to enter puberty, they are indifferent to the eco-crisis. The results are discussed and future research is proposed. </P><P>Keywords: attitude, pro-environmental behavior; ecological paradigm; eco-crisis; natural environment. </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><H2>Introducci&#243;n </H2><P>El mundo vive una urgencia de conciencia ecol&#243;gica ya que los problemas medio ambientales son una realidad que afecta directamente a la vida en el planeta (Raven y Wagner, 2021), por ejemplo, el cambio clim&#225;tico se ha convertido en uno de los problemas m&#225;s graves que enfrenta la humanidad, aunque expertos consideran que un cambio en los comportamientos individuales podr&#237;a ayudar a mitigar sus efectos (Bouman et al., 2020). La poblaci&#243;n m&#225;s vulnerable a esta condici&#243;n en Am&#233;rica Latina es la ni&#241;ez; su presente y potencialmente su futuro se ven afectados ante el acelerado incremento del deterioro ambiental, los contaminantes y una mayor escasez de espacios y recursos (Ortega-Garc&#237;a et al., 2019). Particularmente en M&#233;xico, conforme la urbanizaci&#243;n se extiende a municipios relativamente cercanos a las grandes ciudades, muchos ni&#241;os y ni&#241;as pierden acceso a la naturaleza y esta falta de contacto est&#225; afectando su desarrollo, generando riesgos de da&#241;os en la salud f&#237;sica y psicol&#243;gica (Cheng y Monroe, 2012), lo que puede reducir los &#237;ndices de longevidad y vaticina un futuro cr&#237;tico para el desarrollo integral de las nuevas generaciones (Elvira et al., 2018). </P><P>El an&#225;lisis de los conocimientos y las percepciones sobre el medio ambiente permite identificar lo que las personas observan sobre los problemas del deterioro ambiental y las posibilidades de soluci&#243;n para manejarlos, as&#237; como su influencia en diversos aspectos que preocupan y afectan a la comunidad (Pineda et al., 2018). Sin embargo, aunque varios investigadores han encontrado que los patrones de sustentabilidad, el consumo de recursos naturales, as&#237; como las percepciones sobre el medio ambiente se gestan en las experiencias tempranas de la vida (Chawla y Cushing, 2007; Giusti, Barthel, y Marcus, 2014), a&#250;n no hay suficiente conocimiento sobre las percepciones de la naturaleza en la infancia (del Socorro Aguilar-Cucurachi, Mer&#231;on, y Silva, 2016). Por ello, el objetivo de esta investigaci&#243;n es analizar la relaci&#243;n entre tres caracter&#237;sticas demogr&#225;ficas (g&#233;nero, edad y grado escolar) y la actitud al cambio clim&#225;tico, el nuevo paradigma ecol&#243;gico y el comportamiento pro-ambiental en ni&#241;os y ni&#241;as estudiando la primaria superior, en la cabecera del municipio de Santa Mar&#237;a Coronango, una poblaci&#243;n suburbana ubicada a 25 kil&#243;metros de la capital del estado de Puebla, en M&#233;xico. </P><P>1. Revisi&#243;n de la literatura </P><P>Los seres humanos se encuentran inmersos en sistemas y subsistemas complejos que son interdependientes, impermanentes y que operan en distintos niveles (Castillo-Villanueva et al., 2015). Esta perspectiva facilita el abordaje de los desaf&#237;os de los sistemas socio-ecol&#243;gicos, los cuales se entienden como sistemas coherentes de factores biof&#237;sicos y sociales que usualmente interact&#250;an de manera resiliente y sostenida (Redman et al., 2014). Estos sistemas abordan aspectos como vulnerabilidad, resiliencia, sostenibilidad, y bienestar humano (Holling y Gunderson, 2002). De esta manera, problem&#225;ticas reales, como el cambio clim&#225;tico, pueden ser abordadas desde diferentes niveles, como el colectivo o global (al abarcar la comunidad, la regi&#243;n, la naci&#243;n o el mundo), o el individual, que involucra una escala m&#225;s peque&#241;a (p. ej. hogares o individuos). Las acciones que se llevan a cabo en un nivel impactar&#225;n en el otro, de tal manera que los cambios a nivel individual tendr&#225;n un efecto en el colectivo. En este sentido, la escuela puede, desde un marco socio-ecol&#243;gico, preparar a los ni&#241;os a trav&#233;s de m&#250;ltiples experiencias, iniciativas y materiales educativos, a adquirir conocimientos pr&#225;cticos y modificar su relaci&#243;n con el medio ambiente, y dar cabida al aprendizaje, adaptaci&#243;n y resiliencia frente a las cuestiones medioambientales complejas, y transformarlas en capital social (Krasny et al., 2011; Williams y McEwen, 2021). </P><P>Desde esta perspectiva individual, algunas variables como la actitud y las percepciones impactan en la forma de ver el mundo y los comportamientos. La actitud es una predisposici&#243;n a responder de manera favorable o desfavorable con respecto a un est&#237;mulo (Oskamp y Schultz, 2005). En el &#225;mbito pro-ambiental se comprende como la predisposici&#243;n de una persona a estar preocupada por el medio ambiente natural (Ajdukovic, Gilibert, y Fointiat, 2019; Hawcroft y Milfont, 2010). Esta conceptualizaci&#243;n es consistente con la definici&#243;n de la actitud en la teor&#237;a del comportamiento planeado (Ajzen, 1991), que identifica que las personas que est&#225;n m&#225;s preocupadas por el medio ambiente son m&#225;s propensas a actuar para protegerlo (Gifford y Nilsson, 2014; Hinds y Sparks, 2008). La familia y la escuela son contextos cr&#237;ticos en los cuales los ni&#241;os aprenden sobre diversos comportamientos y en ellos se desarrollan actitudes que son apropiadas para la cultura en la </P><P>que viven, tal como sucede con las actitudes pro-ambientales de los ni&#241;os, las cuales son influidas por la observaci&#243;n, las experiencias y la ense&#241;anza tanto en el hogar como en la escuela (Musser y Diamond, 1999; Durkan et al., 2016). Se ha identificado que el desarrollo de actitudes ambientalmente sensibles en los ni&#241;os es la base para su comportamiento futuro con el medioambiente (Eagles y Demare, 1999; Malandrakis y Chatzakis, 2014). </P><P>En las &#250;ltimas d&#233;cadas los problemas ambientales han aumentado de manera significativa. El agotamiento de la capa de ozono, la deforestaci&#243;n, la p&#233;rdida de biodiversidad y el cambio clim&#225;tico son problemas ambientales de alcance global cuyas causas son complejas y sus soluciones complicadas (Clayton et al., 2016; Dunlap et al., 2000). Debido a esto, han surgido escalas para medir individualmente la relaci&#243;n que tienen los seres humanos con las cosmovisiones ambientales (Alisat y Riemer, 2015; Dunlap, 2008), entre ellas el Nuevo Paradigma Ecol&#243;gico (NPE). Esta escala ha sido utilizada por diversos investigadores que se han enfocado en muestras integradas por infantes (Manoli et al., 2007; Torkar, Debevec, Johnson, y Manoli, 2021; Wu, 2012). De acuerdo a Manoli et al. (2007), la importancia de evaluar la visi&#243;n del mundo ambiental durante la infancia es de gran inter&#233;s tanto para aquellos que ofrecen programas ecol&#243;gicos, como para los investigadores que estudian el desarrollo de esta visi&#243;n del mundo. </P><P>El NPE destaca la disrupci&#243;n de los ecosistemas causada por sociedades industriales modernas que exceden los l&#237;mites ambientales y proporciona una visi&#243;n alternativa del mundo al Paradigma Social Dominante (DSP) (Dunlap et al., 2000). As&#237;, el NPE se desarroll&#243; para proporcionar una visi&#243;n m&#225;s amplia de la relaci&#243;n entre las sociedades modernas y el medio ambiente, y act&#250;a como una medida del cambio propuesto en la visi&#243;n del mundo personal y el nivel de interacci&#243;n entre ser humano y medio ambiente (Van Petegem, y Blieck, 2006). Manoli et al. (2007) adaptaron la escala para su uso en una poblaci&#243;n infantil, y recomendaron su aplicaci&#243;n preferentemente entre ni&#241;os y ni&#241;as de 10 a 12 a&#241;os de edad. Esta propuesta incluye tres dimensiones: derechos de la naturaleza, eco-crisis y relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural (Manoli et al., 2007). Los resultados suelen indicar que los puntos de vista ecol&#243;gicos de los ni&#241;os var&#237;an en el nivel de coherencia y estructura, y que algunos ni&#241;os tienen sistemas de creencias m&#225;s organizados y coherentes que otros (Corraliza et al., 2013). </P><P>Por otro lado, el comportamiento pro-ambiental es una conducta pro-social que implica una preocupaci&#243;n genuina por el planeta y la adopci&#243;n voluntaria de comportamientos que no da&#241;an al medio ambiente y que incluso buscan protegerlo y beneficiarlo (Gifford y Nilsson, 2014). Este tipo de comportamiento busca conscientemente minimizar el impacto negativo de las acciones en el mundo (Lange y Dewitte, 2019). Entonces, las acciones positivas que tienen los seres humanos respecto al medio ambiente y su cuidado son comportamientos pro-ambientales y su pr&#225;ctica puede contribuir a crear un futuro sostenible cuando un individuo piensa en las generaciones futuras, la naturaleza y la humanidad (Paill&#233; y Boiral, 2013; De Leeuw et al., 2015).  </P><P>Un aspecto cr&#237;tico para un futuro sostenible implica comprender el desarrollo de la propensi&#243;n de los ni&#241;os y ni&#241;as a actuar en pro del medio ambiente (Otto et al., 2019). Por ejemplo, una investigaci&#243;n realizada en Indonesia encontr&#243; que los infantes comprenden mejor los conceptos concretos que los abstractos y que aquellos que tienen suficiente educaci&#243;n ambiental se sienten m&#225;s responsables sobre su comportamiento en pro del medio ambiente (Benyamin, Djuwita, y Ariyanto, 2018). En otro estudio realizado en Espa&#241;a, se encontr&#243; una relaci&#243;n significativa entre la exposici&#243;n de los ni&#241;os y ni&#241;as a la naturaleza a trav&#233;s de la restauraci&#243;n presente en el patio de la escuela y sus orientaciones ambientales (Collado y Corraliza, 2017). Adem&#225;s, se ha comprobado que el contacto con la naturaleza mejora el estado de &#225;nimo de los infantes, su funcionamiento cognitivo y aumenta sus interacciones sociales (Collado y Staats, 2016). As&#237;, las experiencias positivas en la naturaleza durante la infancia promueven el comportamiento cooperativo (Weinstein et al., 2009) y pro-ambiental hasta la edad adulta (Chawla y Derr, 2012).  </P><P>2. M&#233;todo </P><P>El contexto de la investigaci&#243;n se situ&#243; en Santa Mar&#237;a Coronango en el estado de Puebla. Se trata de un municipio con caracter&#237;sticas semiurbanas, poblado tanto por familias dedicadas a la agricultura, como por otras que buscan vivir relativamente cerca de la ciudad de Puebla. El estado de Puebla es uno de los estados de la Rep&#250;blica Mexicana con mayores &#237;ndices de degradaci&#243;n ambiental, ha crecido sin una planeaci&#243;n territorial adecuada, debido al desarrollo de asentamientos informales y un importante deterioro </P><P>ambiental sobre suelos agr&#237;colas, forestales y de captaci&#243;n hidr&#225;ulica, lo que ha provocado problemas ambientales, sociales y econ&#243;micos (Gobierno municipal de Puebla, 2019). </P><P>El estudio se llev&#243; a cabo en la escuela p&#250;blica de educaci&#243;n primaria &#8220;Miguel Hidalgo&#8221; ubicada en la cabecera municipal de Coronango. Una vez obtenido el consentimiento de autoridades y padres de familia, se realiz&#243; una investigaci&#243;n de tipo cuantitativa, no experimental, descriptiva, correlacional y transversal, con el fin de conocer la relaci&#243;n entre el g&#233;nero, la edad y el grado escolar con respecto la actitud, la percepci&#243;n del Nuevo Paradigma Ecol&#243;gico y el comportamiento que tienen los ni&#241;os acerca del medio ambiente y su cuidado. Se aplic&#243; la t&#233;cnica de encuesta personal a todos los ni&#241;os de cuarto, quinto y sexto de primaria de la escuela, de las cuales resultaron 302 encuestas v&#225;lidas. </P><P>Escalas. La encuesta se dise&#241;&#243; con base en escalas validadas, que constan de 24 &#237;tems. Cada uno de ellos fue evaluado en una escala ordinal tipo Likert de 5 puntos (1= Totalmente en desacuerdo y 5= Totalmente de acuerdo). Adem&#225;s, se utiliz&#243; la versi&#243;n en espa&#241;ol (Ouariachi et al., 2018) de las escalas de actitud sobre el cambio clim&#225;tico y comportamiento pro-ambiental desarrolladas por Dijkstra y Goedhart (2012). La escala de actitud cuenta con seis &#237;tems (Tabla 1) y la de comportamiento pro-ambiental con ocho &#237;tems. Ambas escalas han sido aplicadas en estudiantes europeos de secundaria y primaria superior (Dijkstra y Goedhart, 2012). Asimismo, se utiliz&#243; la escala del nuevo paradigma ecol&#243;gico (NPE) desarrollada por Manoli et al. (2007), y traducida y validada al espa&#241;ol (Corraliza et al., 2013). Esta escala cuenta con tres dimensiones: 1) Derechos de la naturaleza con tres &#237;tems, 2) Eco-crisis con cuatro &#237;tems y 3) relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural con tres &#237;tems (Tabla 1). La escala NPE fue dise&#241;ada para ser aplicada en infantes y ha sido utilizada en estudiantes de primaria superior. </P><P>Las escalas fueron traducidas al castellano y validadas para el contexto espa&#241;ol, pero no hab&#237;an sido validadas en el contexto latinoamericano, por lo que se calcul&#243; el Alpha de Cronbach para todas ellas. Esta se trata de una medida de la consistencia interna de una escala; es decir, describe si los &#237;tems de una escala miden el mismo concepto o </P><P>constructo y, por lo tanto, est&#225; conectada con la interrelaci&#243;n de los &#237;tems dentro de la escala. El resultado se expresa como un n&#250;mero entre 0 y 1; puede considerarse que valores mayores a 0.70 indican la existencia de validez interna (Tavakol y Dennick, 2011). As&#237;, todas las escalas presentaron validez interna, con los siguientes resultados: Actitudes sobre el cambio clim&#225;tico &#945;= 0.728, Comportamiento pro-ambiental &#945;=0.820, Nuevo paradigma ecol&#243;gico (NPE) &#945;=0.794, y, para una de las dimensiones del NPE, Derechos de la naturaleza &#945;=0.721, Eco-crisis=0.741, y Relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural &#945;=0.768. </P><P> </P><H3>Tabla 1  </H3><H4>Escalas utilizadas </H4><Table><TBody><TR><TD><P>Actitudes sobre el cambio clim&#225;tico </P><P>Dijkstra y Goedhart, 2012 </P><P> </P><P>A1. Las personas deber&#237;an preocuparse m&#225;s por el cambio clim&#225;tico. </P><P>A2. El cambio clim&#225;tico deber&#237;a tener la m&#225;xima prioridad. </P><P>A3. Es molesto ver que las personas no hacen nada por los problemas del cambio clim&#225;tico.  </P><P>A4. Las personas se preocupan demasiado por el cambio clim&#225;tico. </P><P>A5. La gravedad del cambio clim&#225;tico ha sido exagerada. </P><P>A6. El cambio clim&#225;tico es una amenaza para el mundo. </P></TD><TD><P>Comportamiento pro-ambiental </P><P>Dijkstra y Goedhart, 2012 </P><P> </P><P>C1. Tengo cuidado de no desperdiciar agua. </P><P>C2. Tengo cuidado de no desperdiciar comida. </P><P>C3. Separo la mayor parte de mis residuos para reciclar. </P><P>C4. Prefiero usar el transporte p&#250;blico o la bicicleta sobre el autom&#243;vil. </P><P>C5. Siempre apago las luces cuando salgo de una habitaci&#243;n. </P><P>C6. Siempre apago la computadora cuando no la uso. </P><P>C7. Intento ahorrar energ&#237;a. </P><P>C8. Siento que es importante cuidar bien el medio ambiente </P></TD></TR></TBody></Table><Table><TBody><TR><TD><P>Nuevo paradigma ecol&#243;gico </P><P>Manoli et al., 2007 </P><P>Derechos de la naturaleza </P><P> </P><P>DN1. Las plantas y los animales tienen tanto derecho como las personas a vivir. </P><P>DN2. Las personas a&#250;n deben obedecer las leyes de la naturaleza. </P><P>DN3. Creo que las personas est&#225;n por encima de la naturaleza (R) </P><P>Eco-crisis </P><P>EC1. Hay demasiadas personas en la tierra. </P><P>EC2. Cuando las personas se meten con la naturaleza tiene malos resultados. </P><P>EC3. Las personas est&#225;n tratando mal a la naturaleza. </P><P>EC4. Si las cosas no cambian, pronto tendremos un gran desastre en el medio ambiente. </P></TD><TD><P>Nuevo paradigma ecol&#243;gico </P><P>Manoli et al., 2007 </P><P>Relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural </P><P> </P><P>R1. La naturaleza es lo suficientemente fuerte como para soportar los efectos de nuestro estilo de vida (R) </P><P>R2. Las personas est&#225;n arruinando la tierra </P><P>R3. La gente alg&#250;n d&#237;a sabr&#225; lo suficiente sobre c&#243;mo funciona la naturaleza para poder controlarla (R) </P></TD></TR></TBody></Table><P>Fuente: Elaboraci&#243;n propia. </P><P> </P><P>Para el an&#225;lisis se utiliz&#243; el paquete estad&#237;stico SPSS V23.0 y se aplic&#243; la t&#233;cnica de tabulaci&#243;n cruzada, la cual es una t&#233;cnica &#250;til para el estudio de la relaci&#243;n existente entre dos variables categ&#243;ricas. En este caso se consideraron tres variables demogr&#225;ficas: g&#233;nero, edad y grado escolar con respecto a la actitud, el nuevo paradigma ecol&#243;gico (Derechos de la naturaleza, Eco-crisis, Relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural) y el comportamiento pro-ambiental. Las pruebas estad&#237;sticas realizadas fueron no param&#233;tricas, para el an&#225;lisis de la asociaci&#243;n nominal-ordinal se utiliz&#243; la V de Cramer y para el caso ordinal-ordinal Tau-c de Kendall.  </P><P> </P><P>3. An&#225;lisis de resultados </P><P>3.1. Caracter&#237;sticas demogr&#225;ficas de los participantes </P><P>De los 302 encuestados, el 50.7% fueron ni&#241;as y 49.3% ni&#241;os. El 37.1% de los participantes se encontraba cursando 4&#186; de primaria, el 34.1% 5&#186; y el 28.8% el 6&#186; de primaria.  </P><H5>Tabla 2 </H5><H6>Caracter&#237;sticas demogr&#225;ficas </H6><Table><TBody><TR><TD><P>G&#233;nero </P></TD><TD><P>Frecuencia </P></TD><TD><P>Porcentaje </P></TD><TD><P>Grado  </P></TD><TD><P>Frecuencia </P></TD><TD><P>Porcentaje </P></TD></TR><TR><TD><P>Femenino </P></TD><TD><P>153 </P></TD><TD><P>50.7% </P></TD><TD><P>4&#176; </P></TD><TD><P>112 </P></TD><TD><P>37.1% </P></TD></TR><TR><TD><P>Masculino </P></TD><TD><P>149 </P></TD><TD><P>49.3% </P></TD><TD><P>5&#176; </P></TD><TD><P>103 </P></TD><TD><P>34.1% </P></TD></TR><TR><TD><P>N </P></TD><TD><P>302 </P></TD><TD><P>100% </P></TD><TD><P>6&#176; </P></TD><TD><P>87 </P></TD><TD><P>28.8% </P></TD></TR><TR><TD><P> </P></TD><TD><P> </P></TD><TD><P> </P></TD><TD><P>N </P></TD><TD><P>302 </P></TD><TD><P>100% </P></TD></TR></TBody></Table><P>Fuente: Elaboraci&#243;n propia. </P><P>3.2. Tabulaciones cruzadas </P><P>Por g&#233;nero. No se encontr&#243; asociaci&#243;n significativa entre el g&#233;nero y la actitud sobre el cambio clim&#225;tico (p=0.300&gt;&#945;=0.05), los resultados evidencian que tanto ni&#241;as como ni&#241;os tienen una actitud similar hacia el cambio clim&#225;tico, esto es que ambos g&#233;neros mostraron preocupaci&#243;n por el cambio clim&#225;tico. Tampoco se encontr&#243; una asociaci&#243;n significativa entre el g&#233;nero y el comportamiento pro-ambiental (p=0.440&gt;&#945;=0.05), los resultados evidenciaron que tanto ni&#241;as como ni&#241;os realizan algunas acciones pro-ambientales en su contexto (Tabla 3). El an&#225;lisis respecto el nuevo paradigma ecol&#243;gico mostr&#243; que en relaci&#243;n a los Derechos de la naturaleza no hay una asociaci&#243;n significativa (p=0.148&gt;&#945;=0.05), ambos g&#233;neros e muestran de acuerdo en la necesidad de cuidar de la naturaleza; respecto a la Eco-crisis, tampoco se encontr&#243; una asociaci&#243;n significativa (p=0.520&gt;&#945;=0.05), tanto las ni&#241;as como los ni&#241;os est&#225;n principalmente de acuerdo en la existencia de una crisis ecol&#243;gica y, en relaci&#243;n a la Relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural no se encontr&#243; una asociaci&#243;n significativa (p=0.454&gt;&#945;=0.05), se encontr&#243; que ambos g&#233;neros se muestran de acuerdo en la necesidad de cuidar el entorno natural (Tabla 3). </P><H1>Tabla 3  </H1><P>Resultados entre g&#233;nero y actitud, comportamiento pro-ambiental y nuevo paradigma ecol&#243;gico </P><Table><TBody><TR><TD><P>Variables  </P></TD><TD><P>V de Cramer </P></TD><TD><P> </P><P>Significancia </P></TD><TD><P>Existe asociaci&#243;n o no entre variables   </P></TD></TR><TR><TD><P>G&#233;nero y Actitudes sobre el cambio clim&#225;tico </P></TD><TD><P>0.110 </P></TD><TD><P>.300 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n  </P></TD></TR><TR><TD><P>G&#233;nero y Comportamiento pro-ambiental </P></TD><TD><P>0.095 </P></TD><TD><P>.440 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n  </P></TD></TR><TR><TD><P>Nuevo paradigma ecol&#243;gico </P></TD><TD><P> </P></TD><TD><P> </P></TD><TD><P> </P></TD></TR><TR><TD><P>G&#233;nero y Derechos de la naturaleza </P></TD><TD><P>0.133 </P></TD><TD><P>.148 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n </P></TD></TR><TR><TD><P>G&#233;nero y Eco-crisis </P></TD><TD><P>0.087 </P></TD><TD><P>.520 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n </P></TD></TR><TR><TD><P>G&#233;nero y Relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural </P></TD><TD><P>0.110 </P></TD><TD><P> </P><P>.454 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n </P></TD></TR></TBody></Table><P>n.s.= no significativa </P><P>Fuente: Elaboraci&#243;n propia. </P><P> </P><P>Por edad. No se encontr&#243; asociaci&#243;n significativa entre la edad y la actitud sobre el cambio clim&#225;tico (p=0.061&gt;&#945;=0.05), los resultados evidencian que los infantes entre 8 y 12 a&#241;os muestran una actitud negativa hacia el cambio clim&#225;tico y manifiestan preocupaci&#243;n por &#233;l. Tampoco se encontr&#243; asociaci&#243;n entre edad y comportamiento pro-ambiental (p=0.121&gt;&#945;=0.05). La mitad de los ni&#241;os y ni&#241;as de 8 a&#241;os muestran menos comportamientos pro-ambientales, pero el resto de los infantes entre 9 y 12 a&#241;os manifestaron tener comportamientos m&#225;s favorables hacia el cuidado del ambiente. Finalmente, respecto a las percepciones del nuevo paradigma ecol&#243;gico se encontr&#243; que la relaci&#243;n entre edad y Derechos de la naturaleza no es significativa (p=0.672&gt;&#945;=0.05), todos los grupos de edad se muestran principalmente favorables y muy favorables a estos (Tabla 5). En cuanto a la </P><P>asociaci&#243;n entre edad y Eco-crisis result&#243; significativa (p=0.000&lt;&#945;=0.05); se encontr&#243; que los ni&#241;os entre 8 y 11 a&#241;os se inclinan a pensar m&#225;s en que existe una crisis ecol&#243;gica por el trato humano a la naturaleza, pero la mayor&#237;a de los ni&#241;os y ni&#241;as de 12 a&#241;os se muestran m&#225;s indiferentes a pensar en que estamos ante una crisis ecol&#243;gica (Tabla 4). Finalmente, la asociaci&#243;n entre edad y la Relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural result&#243; no ser significativa (p=0.940&gt;&#945;=0.05), ya que todos los grupos de edad perciben que la relaci&#243;n con la naturaleza se ha afectado.  </P><P> </P><H5>Tabla 4  </H5><H6>Tabla de contingencia entre edad y consideraci&#243;n de una crisis ecol&#243;gica </H6><Table><TBody><TR><TD><P>  </P></TD><TD><P>Edad </P></TD></TR><TR><TD/><TD><P>8.00 </P></TD><TD><P>9.00 </P></TD><TD><P>10.00 </P></TD><TD><P>11.00 </P></TD><TD><P>12.00 </P></TD></TR><TR><TD><P>En desacuerdo </P></TD><TD><P>0.0% </P></TD><TD><P>1.9% </P></TD><TD><P>1.3% </P></TD><TD><P>5.3% </P></TD><TD><P>0.0% </P></TD></TR><TR><TD><P>Neutral/indiferente </P></TD><TD><P>0.0% </P></TD><TD><P>21.2% </P></TD><TD><P>20.0% </P></TD><TD><P>29.2% </P></TD><TD><P>66.7% </P></TD></TR><TR><TD><P>De acuerdo </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD><TD><P>44.2% </P></TD><TD><P>53.8% </P></TD><TD><P>54.9% </P></TD><TD><P>33.3% </P></TD></TR><TR><TD><P>Totalmente de acuerdo </P></TD><TD><P>0.0% </P></TD><TD><P>32.7% </P></TD><TD><P>25.0% </P></TD><TD><P>10.6% </P></TD><TD><P>0.0% </P></TD></TR><TR><TD><P>Total </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD></TR></TBody></Table><P>      Fuente: Elaboraci&#243;n propia. </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><P> </P><H1>Tabla 5  </H1><P>Resultados entre edad y actitud, comportamiento pro-ambiental y nuevo paradigma ecol&#243;gico </P><Table><TBody><TR><TD><P>Variables  </P></TD><TD><P>Tau-c de Kendall </P></TD><TD><P> </P><P>Significancia </P></TD><TD><P>Existe asociaci&#243;n o no entre variables   </P></TD></TR><TR><TD><P>Edad y Actitud sobre el cambio clim&#225;tico </P></TD><TD><P>-1.873 </P></TD><TD><P>.061 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n  </P></TD></TR><TR><TD><P>Edad y Comportamiento pro-ambiental </P></TD><TD><P>1.551 </P></TD><TD><P>.121 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n  </P></TD></TR><TR><TD><P>Nuevo paradigma ecol&#243;gico </P></TD><TD><P> </P></TD><TD><P> </P></TD><TD><P> </P></TD></TR><TR><TD><P>Edad y Derechos de la naturaleza </P></TD><TD><P>0.423 </P></TD><TD><P>.672 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n  </P></TD></TR><TR><TD><P>Edad y Eco-crisis </P></TD><TD><P>3.923 </P></TD><TD><P>0.000* </P></TD><TD><P>Existe asociaci&#243;n  </P></TD></TR><TR><TD><P>Edad y Relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural </P></TD><TD><P>0.076 </P></TD><TD><P>.940 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n  </P></TD></TR></TBody></Table><P>* significativa p&lt;0.001, n.s.= no significativa </P><P>Fuente: Elaboraci&#243;n propia. </P><P> </P><P>Por grado escolar. Se encontr&#243; una relaci&#243;n significativa entre el grado escolar (4&#186;, 5&#186; y 6&#186; de primaria) y la actitud sobre el cambio clim&#225;tico (p=0.041&lt;&#945;=0.05) (Tabla 8). Aunque todos los grupos se encontraron posiciones indiferentes o negativas hacia el cambio clim&#225;tico, los estudiantes de 6&#186; de primaria son los que menos preocupaci&#243;n muestran hacia el cambio clim&#225;tico (Tabla 6). Por otro lado, no se encontr&#243; asociaci&#243;n significativa entre el grado escolar y el comportamiento pro-ambiental (p=0.066&gt;&#945;=0.05), ya que los tres grados escolares manifiestan realizar algunas actividades para proteger el ambiente. Respecto el nuevo paradigma ecol&#243;gico, la asociaci&#243;n entre grado escolar y Derechos de la naturaleza (p=0.599&gt;&#945;=0.05) no es significativa; en cambio, la asociaci&#243;n con Eco-crisis es significativa </P><P>(p=0.000&lt;&#945;=0.05). Aunque la mayor&#237;a de los estudiantes de los diferentes grados se muestra de acuerdo en que hay una Eco-crisis, los estudiantes de 6&#186; grado son quienes m&#225;s se muestran en desacuerdo en que enfrentamos una crisis ambiental (Tabla 7). Finalmente, no se encontr&#243; una relaci&#243;n significativa entre grado escolar y la Relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural (p=0.353&gt;&#945;=0.05). </P><P> </P><H1>Tabla 6 </H1><P>Tabla de contingencia grado escolar y Actitud al cambio clim&#225;tico </P><P> </P><Table><TBody><TR><TD><P>  </P></TD><TD><P>Grado escolar </P></TD></TR><TR><TD/><TD><P>4o </P></TD><TD><P>5o </P></TD><TD><P>6o </P></TD></TR><TR><TD><P>Actitud positiva al cambio clim&#225;tico </P></TD><TD><P>5.8% </P></TD><TD><P>1.1% </P></TD><TD><P>7.1% </P></TD></TR><TR><TD><P>Neutral/indiferente al cambio clim&#225;tico </P></TD><TD><P>33.0% </P></TD><TD><P>43.7% </P></TD><TD><P>42.0% </P></TD></TR><TR><TD><P>Actitud negativa hacia el cambio clim&#225;tico </P></TD><TD><P>46.6% </P></TD><TD><P>51.7% </P></TD><TD><P>46.4% </P></TD></TR><TR><TD><P>Actitud totalmente negativa hacia el cambio clim&#225;tico </P></TD><TD><P>14.6% </P></TD><TD><P>3.4% </P></TD><TD><P>4.5% </P></TD></TR><TR><TD><P>Total </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD></TR></TBody></Table><P>Fuente: Elaboraci&#243;n propia. </P><P> </P><H3>Tabla 7 </H3><H4>Tabla de contingencia grado escolar y Eco-crisis </H4><Table><TBody><TR><TD><P>  </P></TD><TD><P>Grado escolar </P></TD></TR><TR><TD/><TD><P>4o </P></TD><TD><P>5o </P></TD><TD><P>6o </P></TD></TR><TR><TD><P>En desacuerdo </P></TD><TD><P>1.0% </P></TD><TD><P>2.3% </P></TD><TD><P>5.4% </P></TD></TR><TR><TD><P>Neutral </P></TD><TD><P>20.4% </P></TD><TD><P>20.7% </P></TD><TD><P>30.4% </P></TD></TR><TR><TD><P>De acuerdo </P></TD><TD><P>45.6% </P></TD><TD><P>52.9% </P></TD><TD><P>54.5% </P></TD></TR><TR><TD><P>Totalmente de acuerdo </P></TD><TD><P>33.0% </P></TD><TD><P>24.1% </P></TD><TD><P>9.8% </P></TD></TR><TR><TD><P>Total </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD><TD><P>100.0% </P></TD></TR></TBody></Table><P>Fuente: Elaboraci&#243;n propia. </P><P> </P><H3>Tabla 8 </H3><H4>Cruce entre los constructos y la variable demogr&#225;fica Grado </H4><Table><TBody><TR><TD><P>Variables </P></TD><TD><P>Tau-c de Kendall </P></TD><TD><P> </P><P>Sig. </P></TD><TD><P>Existe asociaci&#243;n o no entre variables </P></TD></TR><TR><TD><P>Grado y Actitudes sobre el cambio clim&#225;tico </P></TD><TD><P>-2.042 </P></TD><TD><P>.041 n.s. </P></TD><TD><P>Existe asociaci&#243;n </P></TD></TR><TR><TD><P>Grado y Comportamiento pro-ambiental </P></TD><TD><P>-1.838 </P></TD><TD><P>.066 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n </P></TD></TR><TR><TD><P>Nuevo paradigma ecol&#243;gico </P></TD><TD><P> </P></TD><TD><P> </P></TD><TD><P> </P></TD></TR><TR><TD><P>Grado y Derechos de la naturaleza </P></TD><TD><P>-0.526 </P></TD><TD><P>.599 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n </P></TD></TR><TR><TD><P>Grado y Eco-crisis </P></TD><TD><P>-4.189 </P></TD><TD><P>0.000 * </P></TD><TD><P>Existe asociaci&#243;n </P></TD></TR><TR><TD><P>Grado y Relaci&#243;n entre los seres humanos y el entorno natural </P></TD><TD><P>9.66 </P></TD><TD><P>.290 n.s. </P></TD><TD><P>No existe asociaci&#243;n </P></TD></TR></TBody></Table><P>           * significativa p&lt;0.001, n.s.= no significativa </P><P> Fuente: Elaboraci&#243;n propia. </P><P>4. Discusi&#243;n y conclusiones </P><P>Esta investigaci&#243;n tuvo como objetivo analizar la relaci&#243;n entre la actitud al cambio clim&#225;tico, el nuevo paradigma ecol&#243;gico y el comportamiento pro-ambiental en ni&#241;os y ni&#241;as que estudian la primaria superior a partir del g&#233;nero, edad y grado escolar en la escuela p&#250;blica de Santa Mar&#237;a Coronango en el estado de Puebla. Los resultados evidenciaron independencia respecto al g&#233;nero, lo que significa que no hay diferencias entre ni&#241;os y ni&#241;as respecto la actitud sobre el cambio clim&#225;tico, el comportamiento pro-ambiental y las dimensiones del paradigma ecol&#243;gico. Estos resultados coinciden con lo encontrado en Brasil por Galli et al. (2013), quienes no encontraron diferencias significativas sobre las actitudes y comportamientos pro-ambientales entre ni&#241;as y ni&#241;os. </P><P>En cambio, se encontraron diferencias significativas entre la edad, grado escolar y la dimensi&#243;n de eco-crisis del nuevo paradigma ecol&#243;gico. Esta se relaciona con la conciencia de la existencia de problemas ecol&#243;gicos globales en el presente (Ntanos et al., 2019). Aunque en el siglo XX la eco-crisis lleg&#243; a ser considerada una proposici&#243;n pesimista, esta visi&#243;n se reconsider&#243; como relevante en el siglo XXI y algunos investigadores se han enfocado en describir c&#243;mo pueden lidiar ni&#241;os y ni&#241;as con ella (R&#228;tty&#228;, 2018). Un hallazgo importante de esta investigaci&#243;n, es que se encontr&#243; que, conforme crecen y est&#225;n por entrar a la pubertad, m&#225;s ni&#241;os y ni&#241;as de este contexto suburbano, se muestran indiferentes a la eco-crisis, especialmente en cuanto al impacto a la naturaleza. Aunado a esto, se encontr&#243; que los estudiantes de 6&#186; de primaria son los que menos preocupaci&#243;n muestran hacia el cambio clim&#225;tico. Estos resultados difieren de varios estudios realizados con adolescentes en otros contextos. En una investigaci&#243;n comparativa en Europa encontraron una actitud positiva hacia aspectos ambientales y comportamientos pro-ambientales (Szagun y Pavlov, 1995). En Per&#250;, un trabajo que incluy&#243; adolescentes entre los 12 y 15 a&#241;os, concluy&#243; que las actitudes pro-ambientales en adolescentes eran adecuadas (Vera, 2019) y, en M&#233;xico, una investigaci&#243;n realizada en el estado de Veracruz (Gonz&#225;lez, 2018) identific&#243; una relaci&#243;n significativa en grado moderado entre la actitud hacia el cuidado del medio ambiente y el comportamiento pro-ambiental de adolescentes.  </P><P>Los resultados encontrados son relevantes porque esta investigaci&#243;n provee informaci&#243;n &#250;til para atender las necesidades planteadas por Terr&#243;n Amig&#243;n (2019): apertura de un espacio curricular propio para la educaci&#243;n ambiental, reorientaci&#243;n del sentido de la educaci&#243;n ambiental en el curr&#237;culum, formaci&#243;n de los docentes en esta &#225;rea, y replanteamiento de las formas de intervenci&#243;n enfocadas a ni&#241;os y ni&#241;as de primaria superior. Estas necesidades requieren ser atendidas especialmente en poblaciones suburbanas que est&#225;n creciendo r&#225;pidamente y donde los campos de cultivo, pozos de agua y &#225;reas verdes se est&#225;n convirtiendo en fraccionamientos y asentamientos comerciales (P&#233;rez-Galicia, P&#233;rez-Campuzano, y Delgado-Campos, 2019). </P><P>Por lo anterior, el desarrollo de una actitud pro-ambiental y de una visi&#243;n del mundo de cuidado ambiental pueden contribuir a una adopci&#243;n de h&#225;bitos ecol&#243;gicos de manera permanente. De las tres dimensiones del nuevo paradigma ecol&#243;gico, los ni&#241;os y ni&#241;as entre 8 y 11 a&#241;os se muestran m&#225;s sensibles a la percepci&#243;n de la existencia de una crisis ecol&#243;gica, por lo que esta dimensi&#243;n puede funcionar como un eje para dar continuidad a la formaci&#243;n de un paradigma ambiental, al incorporar conocimientos y habilidades sobre los derechos de la naturaleza y la generaci&#243;n de una relaci&#243;n m&#225;s equilibrada entre los seres humanos y el entorno natural. Trabajos anteriores en M&#233;xico han identificado que, aunque los estudiantes reciben informaci&#243;n sobre educaci&#243;n ambiental y pueden desarrollar en la escuela suficientes conocimientos sobre el cuidado y las consecuencias ambientales locales, a&#250;n es necesario fortalecer las t&#233;cnicas de ense&#241;anza-aprendizaje y el desarrollo de habilidades para la ejecuci&#243;n correcta de actividades ambientales entre los estudiantes (D&#237;az Grijalva et al., 2019; Garc&#237;a y Cano, 2006). </P><P>El trabajo de la educaci&#243;n ambiental posibilita una genuina contribuci&#243;n desde las esferas socio-ecol&#243;gicas individual y colectiva, para hacer frente a las m&#250;ltiples aristas de la crisis de sostenibilidad que enfrenta el planeta. Es probable que muchos ni&#241;os y ni&#241;as perder&#225;n el contacto y la convivencia cercana con la naturaleza debido a diversos factores, y que en el futuro se enfrenten a una crisis ambiental mucho m&#225;s grave que la actual. Por lo tanto, requerir&#225;n de competencias como la adaptabilidad y la resiliencia socioecol&#243;gicas para actuar eficazmente frente al cambio clim&#225;tico y los desastres </P><P>naturales. Por ello, es recomendable que la escuela capacite a los docentes y aproveche herramientas anal&#237;ticas de introducci&#243;n a los entornos ecol&#243;gicos, a fin de desarrollar una mayor conciencia sobre los fundamentos sist&#233;micos de la crisis socio-ambiental, anime a los estudiantes a tomar acciones concretas para un cambio, y propicie una transformaci&#243;n social que permee la naturaleza en la cultura, a trav&#233;s de los entornos f&#237;sicos, sociales y temporales en sus diferentes niveles (R&#228;tty&#228;, 2018). </P><P>Al igual que otros trabajos, este tambi&#233;n presenta limitaciones, ya que se eligi&#243; un solo contexto de r&#225;pido cambio de rural a semiurbano y relativamente cercano a una capital. Adem&#225;s, fue seleccionada una sola escuela, aquella ubicada en la cabecera municipal, por lo que se dejaron fuera de la investigaci&#243;n otras escuelas ubicadas en otras poblaciones del mismo municipio. Asimismo, es necesario reconocer que aun cuando hay una riqueza en las variaciones de las escalas para medir el nuevo paradigma ecol&#243;gico (NPE), hay una cr&#237;tica a la heterogeneidad de sus dimensiones y el sesgo que representa su construcci&#243;n sobre la cosmovisi&#243;n ecol&#243;gica basada solo en dos ejes (Manoli et al., 2019), personas bioc&#233;ntricas (pro-ambientales) o antropoc&#233;ntricas (anti-ambientales). </P><P>Es recomendable que estudios futuros profundicen en la incursi&#243;n del paradigma de los sistemas socio-ecol&#243;gicos en la educaci&#243;n ambiental y sostenible. Adem&#225;s, es necesario abordar el tema de la resiliencia socioecol&#243;gica en los espacios cognitivos, culturales, f&#237;sicos y sociales del entorno escolar. Tambi&#233;n, hacemos un llamado para que otras investigaciones aborden, experimenten e intervengan programas de conciencia y desarrollo de comportamientos ambientales enfocados al contexto escolar, incluyendo a todos otros actores como maestros, padres de familia, vecinos y gobierno municipal. </P><P>Agradecimientos </P><P>Agradecemos a la escuela p&#250;blica &#8220;Miguel Hidalgo&#8221; ubicada en Santa Mar&#237;a Coronango en el estado de Puebla por facilitar a los investigadores el acceso para la realizaci&#243;n de esta investigaci&#243;n. </P><H5>Fuentes de Financiamiento </H5><P>No existen fuentes de financiamiento involucradas en el desarrollo de esta investigaci&#243;n. </P><P>Los autores declaran que no existe conflicto de inter&#233;s con la publicaci&#243;n de este manuscrito. </P><P>Los datos utilizados en la investigaci&#243;n se encuentran disponibles bajo demanda y pueden ser accedidos a trav&#233;s del correo del autor de correspondencia. </P><H2> </H2><H2>Referencias </H2><P>Ajdukovic, I., Gilibert, D., y Fointiat, V. 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